HOMENAJE AL POETA ARGENTINO JOSE PEDRONI
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Romance de la burlada
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Romance de la burlada


1
 
Corrida por el bullicio,
tu casa _pájaro blanco_
salió del pueblo y se puso
de parte del campo arado.

 
La luna dio de beber
anís de leche a los álamos,
y hombro contra hombro están
dormidos como soldados.
 
 
Por el camino llovido,
que salva el río de un salto,
en un ligero corcel
va a verte un muchacho bravo.
 
 
A la grupa, clandestino,
le acompaña el ángel malo,
toda la cara cubierta
de un embozo colorado.
 
 
Una niña _¡ay, la conciencia
del jinete alucinado!_
corre que corre tras él
con los brazos levantados.
 
 
El jinete la ha perdido
delante del camposanto,
el jinete no la oye,
el jinete está entregado:
pegada lleva al oído
la boca del ángel malo.
 
 
A cien metros de tu casa
se para solo el caballo.
Tu cara quiere volarse
de tan parecida a un pájaro.
Alas tendiéndose son
las alas de tu tejado.
 
 
Rodeo de cazador
describe el recién llegado.
Como un nubarrón se abre,
para que pase, el rebaño.
 
 
El viento, para ayudarle,
hace ruido con un árbol.
Quieren gritar y no pueden
a su alrededor los gansos.
¡Por qué se callan los teros!
¡Dónde se han ido los galgos!
 
 
Una palmera ha crecido
contra el muro hasta tu cuarto.
Su tronco, con el rocío,
es un palo jabonado.
 
 
Sobre el plato de la copa
la luna funde su ochavo,
y la palmera se inclina
para que trepe el pecado.
 
2
 
Lo que sucedió después,
qué difícil es contarlo:
No te querías quitar
tu hermoso vestido blanco.
 
 
El mozo apagó la luna
_cerrando el postigo, es claro_.
Sobre el Cristo de tu cama
el mozo puso su saco.
 
 
Para desnudarse entero
un niño no tarda tanto
como tú para quitarte
uno solo de tus lazos.
 
 
Sobre el último botón,
cómo temblaban tus manos.
El fue a ayudarte, y tus pechos
por poco se le volaron.
 
 
¡Qué merecido que tiene
la cama un hermoso canto,
con una mujer dormida
a poco de haber llorado!
 
 
Pero ya se va la luna;
ya vuelven en sí los álamos;
ya el mozo salta de arriba
porque se oye hablar abajo.
 
 
¡Tarde te enciendes, oh lámpara!
¡Ay, tarde ladras, oh galgo!
¡Tarde sales al camino,
viejo fusil descargado!
El mozo ya no se ve.
Sólo un galope lejano.
 
 
¡Burlada! _grita tu padre_
¡Burlada! _repica el gallo_
¡Burlada! flacos de susto,
_los teros aliquebrados_.
 
 
Y por el soplo del viento,
que estuvo echado en el pasto,
la noticia llega al pueblo
antes que llegue el caballo.

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PLOMADA  
  Cuelga de un hilo de pescar la pesa
y es un pequeño mundo,
suspendido.
Un ángel invisible la sostiene.
Señala el centro de la tierra,
herido.

Sigue su vertical,
hombre constante,
y llegarás a Dios,
hombre afligido.

José Pedroni - 1963
 
POETA  
 
Yo fui niño una vez,
pero hace mucho.
Me dormía enroscado en la vereda.
Hay una voz que todavía escucho.
Hubo una mariposa. Era de seda.

Debió pisarme
alguna vez un hombre.
Debió mirarme una mujer dolida.
Yo no me acuerdo.
No tenía nombre.
Era, me acuerdo,
como liebre herida.

Enamorada de mi sangre sola
que se dormía al sol
en cualquier trigo,
la mariposa entraba en mi corola.

Yo no sé lo que ella hizo conmigo;
pero ella iba detrás de mi amapola,
ella y la voz que me llamaba amigo.

José Pedroni - 1961
 
SITUACIÓN  
  Paloma, espiga y ancla,
a 31 grados y 25 minutos
de latitud Sur
-línea del río y la calandria-
y 60 grados y 56 minutos
de longitud,
está mi tierra: Esperanza.

Es un pequeño punto palpitante
hacia el norte del mapa;
boya del trigo verde
corazón de la pampa.

José Pedroni - 1956


 
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